Se requiere menos personal y menos tiempo para
su control.
Permite conocer en cualquier momento el status
de cualquier activo.
Se usa una misma base de datos para cuestiones
fiscales, financieras y de control físico.
Los inventarios se pueden tomar de dos maneras: manual o con terminales
portátiles.
Se genera en la empresa una “cultura de control de activos
fijos”.
Se pagan primas de seguros realistas
y se tiene el detalle para hacer cualquier reclamación
de siniestros.